La magia de Kyrie Irving

kyrie irving

Que un genio puede ser un perfecto payaso es asunto bien sabido y que no merecería mayor explicación. Que, al menos, cualquiera puede parecer un imbécil, sea genio o no, también es asunto fuera de toda duda.

Y, sin duda, el señor Kyrie Irving puede ser considerado, merecidamente, un genio del baloncesto, un mago del balón. Lo cual, debo confesarlo, personalmente me produce una cierta satisfacción desde el momento en que tan ilustre deportista recaló este verano en los Celtics de Boston, equipo del que me declaro admirador.

Pero no voy a hablar en este ensayo acerca de las habilidades baloncestísticas de Irving. No de su manejo o su tiro, de sus penetraciones, de su «burreo» a los defensores rivales o de aquella milagrosa canasta in extremis que significó un campeonato —un anillo— para su exequipo frente a un rival que se intuía superior y llegó a llevar considerable ventaja en la serie final del campeonato.

No, por desgracia para los aficionados a la NBA o el baloncesto en general, voy a hablar de otra magia y otros milagros de Kyrie Irving, gracias a los cuales ha alcanzado una cierta «notoriedad», o quizá es mera infamia, y nada tienen que ver con sus dotes para el deporte. Sí mucho, me temo, con la afirmación inicial del payaso en el genio que, también lo admito, podía haber dulcificado afirmando que el mejor escribano echa un borrón. Solo que no se trata de borrón sino de burricia o estupidez. No llamaré error a la ignorancia ni ingenuidad a la falta de ideas. No me queda claro si el señor Irving, con respecto a sus declaraciones, es un patán o un pésimo bromista

El milagro, de tintes bíblicos y paleotestamentarios, a la vez que risibles, se refiere a la supuesta planidad de la Tierra, convertida en mito actual, con una Sociedad de la Tierra Plana como estandarte. Una idea que cualquier persona mínimamente formada y también mucho mentecato ignorante considera fuera de cualquier duda. Una idea que, en plena ola de fanatismo religioso de toda índole, muchos recuperan, quizá como forma de reafirmar su fe frente a la modernidad tecnificada, tratando de barnizarla con argumentos pseudocientíficos.

flat earth society

Diría nuestro amigo Dawkins, tan buen divulgador y evolucionista como agrio polemista y profeta del ateísmo, y creo que en este caso con razón, que es ridículo abrazar una fe absurda que pretende convertir máximas y creencias de la edad del bronce en ideas modernas y razonables. Desde perlas como el ojo por ojo que tan mal casan con el amor al prójimo de otros textos, a auténticas barbaridades como la Tierra plana y el geocentrismo.

Podría comentar en estas líneas la sorpresa e incomprensión que me causa esta manía de muchos, casi diría que medieval, de reducir nuestro universo hasta un tamaño manejable con tal de devolvernos a un imposible centro del cosmos —muchos lo llamarían Creación— pese a que las pruebas abrumadoras los invitan a ampliar sus horizontes. Pero solo voy a hablar de la absurda teoría que reverdece en las redes sociales gracias a famosos y famosetes como el que da título al ensayo.

flat earth 2

Dicen los terraplanistas que la ciencia nos engaña, que los poderes terrenales se han confabulado para confundirnos, hacernos pecar, aceptar blasfemias. Dicen, por ejemplo, que no hay una sola foto real de la Tierra desde el espacio. O que las tomas ofrecidas por la NASA son montajes porque la imagen terrestre mostrada año tras año va variando. De lo que deducen que las imágenes son indudablemente falsas y que la teoría que las sustenta también. Incluso alguno, ajeno a Mercator, afirma que en un mundo plano los trayectos transoceánicos podrían realizarse sin mayor dificultad, colocando en el centro del orbe el polo norte y la Antártida, como un muro de hielo, en el borde.

nasa earth images

Incluso la ONU con su bandera parece alimentar tal desatino entre los creyentes del bulo. Recurren también, como argumento a su favor, a un supuesto mapa militar de la 2ª Guerra Mundial donde aparecen trazadas, según ellos, dichas rutas.

Puedo coincidir con estos chalados de la Biblia literal —sí, uno puede hallar coincidencias hasta con su antítesis intelectual— en que los «poderes fácticos» nos manipulan y en que muchas fotos astronómicas —no solo de la Tierra— son montajes y están manipuladas, tanto por unión de distintas imágenes como por los cambios en la frecuencia de radiación o el uso de color artificial, incluso por la mera perspectiva. No más, por otro lado, que lo que se hace en microscopía —quizá esta gente también tenga dudas acerca de la veracidad de las imágenes microbianas—, en medicina, los propios escáneres de aeropuerto y menos, desde luego, que los arreglos de Photoshop con los que se enmascaran, disimulan y borran las imperfecciones de modelos y celebridades en cualquier revista contemporánea.

onu

Uno es muy libre de creer en lo que le plazca, aunque sean las sandeces más descabelladas. Pero lo que no puede pretender, si conserva un mínimo de sensatez, es aportar supuestas pruebas a su favor mientras descarta todas las del prójimo, quizá considerado enemigo por el beato de vía estrecha. Y en este caso, por satisfactorio que resulte al ego del fanático el afirmar el error ajeno e iluminar a los descreídos, lo más probable es que reciba todo tipo de información contraria a sus creencias. Unos datos que, no me cabe duda, ignorará por proceder de fuentes descreídas y pecaminosas.

Por eso puede permitirse considerar irrelevantes el peso de la historia y el de la ciencia. Puede ignorar que un griego tan sospechoso de anticristiano o antijudío como Eratóstenes de Cirene midiera la circunferencia de la Tierra usando la variación de la sombra con la latitud en el siglo tercero antes de nuestra era. Sospechoso, quizá, por aceptar el círculo y la esfera como formas perfectas igual que hacía cualquier griego de su tiempo, aunque no tuviera nada que ver con las revueltas macabeas. Puede ignorar el viaje alrededor del mundo de Magallanes que terminó Elcano o la medición del meridiano terrestre por parte de la expedición hispano-francesa que conduciría a la posterior propuesta del metro. Puede ignorar, si es su gusto, la dinámica de los cuerpos fluidos en rotación y cualquier ley de la física que se le ponga a tiro. Y puede ser que, si se pone en órbita geoestacionaria un satélite con el único objetivo de sacar fotografías periódicas de la Tierra desde el espacio o se manda una cámara a la Luna para tomar tales imágenes, afirme que todo se trata de un nuevo montaje, que el hombre no ha pisado la Luna o que nuestro GPS o Galileo y las comunicaciones no dependen de esos satélites ficticios ni de las falsas leyes de la ciencia mentirosa.

Pero claro, nuestro escéptico, o quizá sería más correcto denominarlo cazurro, o meramente gilipuertas si no queremos ser más duros con él, mantendrá que la duda existe o que las pruebas son incompletas, imprecisas, intangibles. Que la Tierra, tan especial ella, no va a ser igual que los miles de objetos celestes que pueden verse con un telescopio. Que el paso a un modelo heliocéntrico fue un capricho y que basta mirar por tu ventana para comprobar, si no estás ante el mar y viendo los barcos llegar, que la Tierra carece de curvatura.

O dirá, reculando como nuestro primer protagonista, que no pretende afirmar que la Tierra sea plana sino solo crear polémica y discusión, como si a estas alturas todavía hubiera que demostrar que la Tierra no es esférica sino, obvio es el decirlo, un geoide de revolución achatado por los polos y con ciertas irregularidades, como la mayoría de cuerpos celestes de tamaño suficiente, incluidos los que llamamos planetas.

tierraplanabarcos

Vamos, que para un ignorante notorio siempre habrá otra caterva de zoquetes anónimos, fanatizados o no por su ideario, que presten oídos. Cualquier cosa antes que aceptar el peso de la prueba y toda evidencia contraria a nuestra fe. Lo cual asusta y apena a partes iguales porque en todo negociado existen individuos capaces de negar la mayor y arrastrar tras de sí a muchos otros en su error o visión. Con respecto a esta planilandia albergo serias dudas de si el recuento riguroso de creyentes y descreídos coincidiría con lo que parece razonable. Por suerte para todos, el conocimiento científico no tiene una base democrática, aunque a muchos les pese que su fe no pueda mover, en este caso, las montañas adecuadas. O tal vez, y esto no sé si sería peor o solo más delirante, sí que lo creen posible.

Para cerrar el ciclo,  me queda comentar que la idea totalmente equivocada de que en la Edad Media y hasta Colón las personas cultas de Occidente pensaban plana la Tierra cabe agradecérsela, al menos en parte, a la labor literaria de otro Irving, Washington, en quien la literatura pesaba, obviamente, mucho más que el mero rigor histórico.

Por último, quiero dedicarle todo lo anterior a Santi quien, en fecha reciente me mencionó estas chaladuras de los terraplanistas sin saber que el rpesente ensayo estaba ya más que avanzado.

washington irving

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5 comentarios en “La magia de Kyrie Irving

    • Quiero creer que sí. Al menos él así lo afirmó. Lo extraño es que, si era un juego, lo recuperó meses después y hasta lo adornó. Si quería dar la nota lo logró, pero ahora le va a resultar difícil quitarse el sambenito de «tarado»

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