¿Arde París?

Arde-Paris

La película de René Clément, con su estupendo reparto francés y holiwoodiense, me hace pensar en un incendio bien distinto. El filme, basado en una famosa novela de Larry Collins y Dominique Lapierre, nos habla, como ella, de la toma de París durante la Segunda Guerra Mundial, cuando Hitler, consciente de la escasez de tropas para defenderla, apostaba, al parecer, por la mano dura para evitar la sublevación local y la destrucción total de la capital para evitar que cayera íntegra en manos del enemigo. Por fortuna, el general alemán al mando de la plaza, Dietrich von Choltitz, entre harto de la guerra que intuía perdida y negándose a pasar a la historia como el hombre que destruyó París, desoyó al Führer y entregó la ciudad intacta. Si lo hizo por visión histórica o por salvar su teutónico trasero, no es asunto que vayamos a analizar en tan breve espacio. Se rindió a las tropas españolas de la Segunda División Blindada Francesa de Leclerc y sobrevivió a la guerra y durante veinte años más de posguerra.

También recuerdo a Ana Belén cantando, muy libremente, al mismo París en llamas. Y confieso que no conocía, ignorante de mí, la más épica canción, patriótica, de Mireille Mathieu, versionando la estupenda banda sonora de Maurice Jarre, con idéntico título.

Por desgracia han existido otras ocasiones históricas en las que París ha estado en llamas o a punto de arder. No importa si las llamas eran metafóricas, como en tiempos revolucionarios, o meramente materiales, por incendios, invasiones o persecuciones varias. Una ciudad antigua e importante suele sufrir, por desgracia, todo tipo de calamidades a lo largo de su historia, tanto en sus días más turbulentos como en los de aparente calma.

Tan recientes los atentados terroristas en territorio galo, alguno en la propia capital, habrá quien piense que es a esos fuegos actuales a los que me voy a referir, tras esta truculenta introducción, en lo que resta del presente ensayo. Pero, aunque no faltarían razones para mencionar a tal clase de asesinos, descerebrados y desalmados, es de otro incendio parisino del que, tras tantas vueltas, quiero hablar.

arde paris princ

Un incendio con criminales. O no, ya se verá.

Se trata del reciente acuerdo climático de París que, si ya nació cojo, sin compromisos tangibles y concretos por parte de los firmantes, más allá de la palabra empeñada y la buena voluntad exhibida, factores ambos de gran fiabilidad en el circense mundo de la política, ahora ha quedado convertido, de un plumazo, en propuesta casi inútil.

El acuerdo, redactado en términos bastante optimistas ya en su origen, perdió cualquier oportunidad de resultar mínimamente efectivo cuando el señor Trump decidió que su país, el más contaminante del mundo, se desligase del mismo. Podríamos haber dicho que el acuerdo se convirtió en papel mojado pero, por efectos dramáticos y metafóricos respecto del cambio climático, me ha parecido más oportuno recurrir al título que presenta este artículo como descripción del resultado de su promesa electoral cumplida.

En cierto sentido, deberíamos sentirnos satisfechos de que un mandatario cumpla con la palabra dada a sus votantes, por poco o mal informados que estén quienes otorgan su confianza al político de turno. Me temo, además, que en este caso la promesa y su cumplimiento, además de justificación democrática o por mezquinos intereses económicos, nacía de una profunda convicción personal del flamante presidente estadounidense.

Pero, para desilusión de los que esperen que añada más leña a este fuego social y mediático que rodea a tan polémica decisión, no es mi intención vituperar, criminalizar u ofender a tan elevado personaje. Ya hay muchos, la mayoría más y mejor informados que yo, que se han dedicado a valorar el asunto.

Yo voy a limitarme a realizar una lectura que me parece mínimamente racional acerca de los beneficios y riesgos que, de cara al futuro, nos traerá tan pintoresca postura por parte de tan pintoresco mandatario, y los millones de individuos, anónimos y menos pintorescos, que, de seguro, lo siguen y apoyan.

Cualquier científico mínimamente informado abriría ojos como platos cuando alguien, en su sano juicio, se atreve a afirmar que el cambio climático o el calentamiento global son un timo propalado por oscuros intereses y conspiradores internacionales. Yo, en ese sentido, me sumo a la perplejidad de físicos, matemáticos, químicos o ambientalistas en general. Muchos legos creen que la ciencia es cuestión de opinión y, al comprobar que unas leyes suceden y sustituyen a otras, sospechan que la ciencia se equivoca, admite sus errores y falla como una escopeta de feria. Olvidan, claro está, el falsacionismo y la prueba. No se trata de que los modelos se queden obsoletos por estar equivocados de parte a parte. Se trata de que los científicos saben que cada modelo es mejorable y los viejos, por buenos que hayan sido durante un tiempo, nunca explican la verdad completa y deben sustituirse por otros que, muy probablemente, serán superados en el futuro. Pero eso no significa que Newton o Einstein fueran unos palurdos equivocados en todo porque se sospeche que es necesaria una teoría de la gravitación cuántica para enmendar las de aquellos gigantes.

Pues el señor Trump y compañía piensan que, tras cincuenta años de investigación y elaboración de modelos climáticos, miles de científicos de todo el mundo se han conchabado para inventar la milonga del cambio climático y poner el grito en el cielo ante la contaminación galopante que llena el mundo de problemas y numerosos bolsillos de dinero, que ya sabemos que es el quid del asunto. Por cierto que resulta curioso que el mismo tipo de personaje sí confíe ciegamente en la física atómica que hace funcionar sus bombas nucleares.

Pero supongamos incluso que los negacionistas están en lo cierto y el cambio climático no existe. ¿Qué ventajas tendría entonces el prolongar nuestro modelo y el consumo indiscriminado de combustibles fósiles? Pues, obviamente, permitiría tener combustibles más baratos durante un tiempo a la vez que mejoraría maltrechas economías con un crecimiento basado en tecnologías obsoletas y con fecha de caducidad. Pan para hoy, vamos. En el mejor de los casos, si no sucede nada de lo que avisan los agoreros, el petróleo se acabará y habrá que sustituirlo más adelante. Y, ¿de qué servirá el retraso? Si queremos, hasta podemos ignorar los riesgos sanitarios que asumimos los urbanitas como consecuencia de la contaminación. Supongo que para los negacionistas será fácil. Pero el futuro requerirá, más pronto que tarde, otras tecnologías y muy posiblemente, como ha sucedido en otras ocasiones, quien las desarrolle primero obtendrá enormes réditos y su economía marchará viento en popa durante una temporada. Me temo que nuestra solidaria Europa apuesta, ante la falta de reservas fósiles de buena parte del continente, a este caballo ganador de la tecnología más que por preocuparse realmente por el clima o la salud y futuro de sus ciudadanos. Cualquier químico añadiría que es ridículo quemar la materia orgánica fósil, fuente de millones de compuestos de utilidad, para obtener el triste dióxido de carbono. Pero ese es otro asunto.

En el mejor de los casos, no firmar el acuerdo y apostar por el humo dará beneficios momentáneos y retrasará el desarrollo. ¿No suena esto un tanto semejante al declive de la industria del automóvil de Detroit? Tradición frente a tecnología no suele ser una buena apuesta.

Pero, ¿qué sucede si, como todos esos locos científicos se empeñan en asegurar, el cambio climático es real y la contaminación causa millones de enfermedades respiratorias, cardiovasculares, cánceres y muertes a todo lo largo y ancho de este diminuto mundo que ocupamos? Entonces el éxito momentáneo servirá de menos que nada. No firmar el acuerdo significará haber colaborado activamente en el empeoramiento de las condiciones de vida de miles de millones de personas. Tal vez fomentando sequías, tifones, pestes, hambrunas, sed, ¿guerras? No parece un futuro muy prometedor y a nadie debería extrañar que, si ese es el futuro que llega, nuestros sucesores, o tal vez nosotros mismos un poco más envejecidos, buscaremos responsables y denunciaremos incluso ante los tribunales o la Corte Penal Internacional a los criminales, ¿genocidas?, que nos llevaron hasta ese punto sin retorno. Puede parecer exagerado pero, ¿acaso no fue en ese mismo país que ahora niega la mayor donde durante décadas las tabacaleras eran intocables y luego, denuncia tras denuncia, perdieron privilegios y sumas millonarias en indemnizaciones? Y lo que aún les quedará en el futuro y tras el cambio de paradigma sociosanitario. Si alguien enferma, si el mundo entero se va al carajo, ¿no se buscará venganza o indemnización?

En el menos malo de los casos, el señor Trump deja de apostar por el futuro y asume que la imagen de su país y su gobierno empeore durante años. En el peor de ellos, puede provocar la ruina del mundo y millones de muertos, incluidos sus propios paisanos y posibles votantes, alterando el clima durante siglos y causando algo bastante más serio que la recesión económica temporal.

Así las cosas, sabiendo que ni el firmante ni sus asesores son tontos, prefiero pensar que se trata de una cuestión de miopía, bastante grave por supuesto, antes que de una decisión meditada y asumida de pasar a la historia como genocidas.

En cualquier caso, no me parece que la decisión de sacar a USA del acuerdo de París sea la más inteligente que puede tomar un político poderoso de nuestros días. Aunque, obviamente, agradecería muchísimo que espíritus más elevados que el mío y mentes de preclara lucidez tengan a bien iluminar mis cortas entendederas para que la inquietud respecto de este tema deje de agobiar mi miope visión del asunto.

¡Arde, París! Conmigo —con todos nosotros— dentro.

medalla la 9

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s