El padre O’Harac

les_luthiers_-_sonamos_pese_a_todo_2000-front

No, no voy a hablar de religión. Salvo que alguno considere que el fenómeno de los fans y seguidores acérrimos se incluye en esa categoría.

Para quien no lo sepa, el curita del título es una creación de los incomparables Les Luthiers. Una humorada, una broma musical de las suyas llena de más contenido que muchas novelas y profundos ensayos.

O’Harac aparece durante la introducción de “Cartas de color”, cuando el protagonista va relatando por carta, a su tío, sus andanzas durante su particular destierro americano. Yogurtu quiere triunfar en el mundo de la canción y entra a formar parte del coro del susodicho reverendo O’Harac, con quien no pasa la prueba de ingreso pues todos los miembros cantan como él mientras que Yogurtu… digamos que va por libre.

¿A qué viene todo esto? A que estoy empezando a sentirme muy harto de la proliferación de reverendos O’Harac que tratan de enlatar el talento ajeno obligando a todos a que canten exactamente como ellos. Hablo en sentido literal y también figurado. No todo el asunto trata de voces cantando.

Por una parte se nos inculca lo maravillosos que podemos llegar a ser en cualquier faceta de la vida si nos dedicamos a ella con empeño. En plan hacerse pivot de la NBA si eres pigmeo o cosa semejante.

Al margen de autoayudas, coaching y demás “recetas”, está claro que uno no puede ser todo lo que pretende ni con el excelso lucimiento que desearía. Pero esto tampoco es el meollo del asunto al que quiero llegar, aunque sí se acerca.

De boquilla, por intereses de cualquier índole o por simple estupidez, se nos anima a ser originales, distintos, rebeldes incluso. Y uno empieza a pensar que, en los casos más interesados, no se trata de dar valor al individualismo o a cada persona en particular, sino de evitar, en la medida de lo posible, que la gente recurra al a veces sano gregarismo para enfrentarse a algún poder superior. De tanto ir por libre, y en plan sobrado, al cabo nos olvidamos de asociarnos y nos masturbamos con el “Yo, mi, me, conmigo” del que no escucha ni ve lo que le rodea en el mundo.

Hay que ser imaginativos, especiales… Hasta horteras o imbéciles, con tal de destacar entre el rebaño. Y, sin embargo, después de tanto ponderar nuestra individualidad única, personal e intransferible, junto con el mensaje de la originalidad se nos inculca también el de la necesaria emulación. ¡Hay que hacer las cosas como fulano o mengano! Como el padre O’Harac.

Se pone de moda cantar y todo el mundo se presenta a las pruebas para convertirse en triunfito. Una vez seleccionado, hay que trabajar muy duro, aprender, ensayar, competir, hasta convertirse en el número uno… Cantando como todos los demás tras haber eliminado cualquier resto de la propia personalidad y las peculiaridades de tu voz. Hay que matar al ilusionado Yogurtu para obtener una nueva colección de padres O’Harac que cantan todos por igual. ¿Qué habría sido de esas voces rotas de los 80 como Rod Stewart o Bonnie Tyler? ¿Qué de Tina Turner o Joe Cocker? ¿De los más castizos Jaime Urrutia o Germán Coppini? Lo digo por poner un mínimo ejemplo. Ahora todos han de cantar por igual. Y preferiblemente las canciones al uso, repetitivas hasta la saciedad, clónicas, versiones de versiones de versiones, aunque lleven distinto título, letra y hasta algunas notas cambiadas. ¿Cómo no recordar esa máquina de componer canciones de 1984 que, en el texto de Orwell, tiene más de churrera que de inteligencia artificial?

Da igual que se trate de música, de concursos de cocina, ahora tan de moda, de tertulias de verduleras televisivas —a veces dicen hablar de política, o temas supuestamente serios, si no sesudos—, de deportes o de votar y pensar e informarse antes de hacerlo. Primero se nos invita a ejercer nuestra individualidad y luego —o quizás es antes— se nos mata la imaginación y cualquier tipo de iniciativa o peculiaridad. ¡Curiosa combinación! Ofensiva para ese constructo inasible y al parecer en franca decadencia al que llamamos inteligencia.

Por suerte, siempre nos quedarán Les Luthiers. Y los Yogurtus a los que nadie acepta en el coro.

1984_movie_poster

Anuncios

Un comentario en “El padre O’Harac

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s