Celebrity de andar por casa

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Hace poco que me siento como uno de esos famosetes de andar por casa. Como televisivo provisional o visitante ocasional de la prensa amarilla —lo sé, suena mejor referirse al papel couché, pero no quería adornar—. Sin más mérito que el del mero azar, el pasaba por allí o me tocó en suerte un instante de notoriedad, casi como el minuto de gloria de Andrew Warhola.

Veo a esos tipejos exhibiendo intimidades o vacuidad y siento cierta pena, mezclada con vergüenza ajena. Tal vez necesitan la pasta y se prestan a lo que sea. Tal vez se han acostumbrado a ser reconocidos, quizá hasta se sienten admirados, y es eso lo que prima a la hora de venderse. Y no es que yo me venda, ni me siento verdaderamente identificado con tales espantajos. Pero sí que me siento una celebrity de andar por casa. Un personaje sin mérito alguno al que, momentáneamente, se presta atención.

Anuncio la presentación de mi libro y percibo un interés especial hacia mí. No sé si el de la sorpresa o la novedad. Pero me siento como si, de repente, me hubieran colocado en un escaparate o frente a una lupa, atravesado por el alfiler analítico de un entomólogo.

“Este tipo ha escrito un libro”, susurran, murmuran a mi alrededor.

Bueno, sí. Este y otros cuantos. Para mí, para amigos. Pero ahora a muchos les parece que el último es el especial, lo que me vuelve inesperadamente diferente para quienes no me conocen mucho y, más sorprendentemente, para otros con los que sí mantengo un cierto trato.

—Es en una pequeña editorial. Coedición.

Me defiendo. Pero es inútil, por más sentimiento que ponga a mis explicaciones.

—Ha escrito un libro. Se lo han publicado. Es escritor.

Bueno, yo creo que ya lo era antes. Y si era aficionado, o mal escritor, que también puede ser, ahora nada impide que lo siga siendo. Pero la lupa magnifica, aunque el foco que la ilumina solo dura un instante.

Por el momento, poco importa. Percibo, o creo percibir, gestos de sorpresa, de repentino interés:

“Así que el sosaina este ha escrito un libro”

“El sansirolé ha resultado escritor”

“Y parecía un sin gusto”

Recibo enhorabuenas, sinceras unas y postizas las otras. Mi presencia genera curiosidad. Y bastantes amigos acuden a ver mi presentación del libro, mi minuto de gloria. Amigos, familiares, compañeros. No me cabe duda de que todos con cariño. Sí que las tengo acerca del motivo último de su interés. Quizá no existe y les mueve solo el afecto. Pero una vocecita me dice, pícara y cruel, que no les interesa el libro ni piensan que merezca demasiado la pena. Vienen por compromiso o por amistad, alguno por el morbo de verme en tal tesitura. ¿Hablará como un escritor? ¿Cómo habla un escritor?

No sé si defraudo expectativas o la gente se va satisfecha. Confío en que lean el libro, que les guste. Pero también soy consciente de que mi día especial, marcado en el calendario por otros tantos como por mí, pasa a la historia, quizá al debe, y que la atención se diluirá. Soy celebrity de andar por casa, famosillo efímero de programa casposo ante supuestos tertulianos. A mí, me digo, al menos no me despellejarán. Mi gente me quiere y me ha concedido ese instante de protagonismo, breve e intenso, intrascendente.

Celebrity de andar por casa pero, ¿acaso no lo son todas? Ni la infamia es eterna, por más que hagamos protestas de ello, ni la fama duradera. Tampoco está mal volver al tranquilo grisor. Mis palabras, mis pensamientos, están en sus manos. Es lo que quería, no convertirme yo en sujeto de observación. Así que toca volver al segundo plano, al agradable anonimato. Aunque confieso que me gustaría recibir cantos de sirena que me halaguen y me repitan, como un dulce eco, que mis palabras han encontrado oídos y que las mentes tras ellos las han considerado de su agrado. Eso, lo admito, sí llenaría mi ego, aunque fuera de modo igualmente efímero, y no el verme actor ante un público que espera de mí algo que justifique la atención brindada, el regalo de su tiempo.

Esta bien ser reina por un día, pero prefiero el playback, la retroalimentación de los que han conectado con mis pensamientos aunque no me vean, sus comentarios bien digeridos y en diferido. Mejor si no me ven.

queen for a day

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